Casi todos los clubes escolares de ajedrez mueren en la tercera semana. No por falta de interés — por falta de estructura. Esta es la versión que aguanta el curso entero.
Habla con la dirección antes de decir una palabra a los alumnos. Necesitas un aula fija, un día fijo y un adulto responsable. Un club que empieza con veinte niños entusiasmados y sin aula muere en dos semanas y deja mal sabor para el siguiente intento.
Un juego por cada dos niños, tableros enrollables de vinilo y piezas de plástico con lastre. Nada de tableros de madera ni relojes caros al principio. Con veinte niños necesitas diez juegos, y eso es todo el presupuesto del primer trimestre.
El error clásico es dar una lección magistral el primer día. Los que ya saben se aburren y los que no, se agobian. Empareja a todos y que jueguen. Aprenderás quién sabe qué en cuarenta minutos y sin preguntar nada.
Diez minutos de problema del día, cuarenta de partidas, diez de repaso de una partida en el tablero grande. La misma estructura cada semana. Los niños necesitan saber qué va a pasar.
Siempre hay uno que juega mucho mejor que el resto. Dale ventaja de dama o de torre contra los principiantes. Todos tienen partida, nadie se humilla y el fuerte aprende más que ganando en diez jugadas.
Una escalera interna, aunque sea en una hoja pegada a la pared. Un niño con una posición que defender vuelve la semana siguiente; uno que solo juega partidas sueltas, no.
Un torneo, una visita a otro colegio, cualquier cosa fuera del aula. Es lo que convierte un club en algo que los niños cuentan en casa.
Aparecerá, probablemente el primer año. No finjas. Dile la verdad, ponlo a ayudar con los principiantes y búscale un club o un entrenador fuera. Un niño fuerte al que no se le da salida se va, y con él se va la mitad del prestigio del club.
Seis. Con menos no hay ambiente y con más de veinticinco necesitas ayuda el primer día.
Un juego por cada dos niños y un tablero grande para explicar. Los relojes pueden esperar al segundo trimestre.
No. Hace falta organizar bien. Saber las reglas y ser puntual vale más que doscientos puntos de puntuación.
Que jueguen mucho, que tengan una clasificación y que sepan exactamente qué va a pasar cada semana. En ese orden.
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